viernes

CIUDAD DE MÉXICO. Visión parareal...






CIUDAD DE MÉXICO - una visión parareal- ( Extracto)
La Ciudad de México es un olor. Es un olor desde que llegas hasta que te marchas de ella. Cuando transitas también es un olor. Todo en ella es una sucesión de olores. La Ciudad de México me resulta un compendio de olores universal, pero también es un compendio de visiones; de visiones reales y de visiones imaginadas; de visiones creadas...Se podría decir que los olores son los causantes de las visiones; es muy posible. Podría ser también que al tomar contacto con esa ciudad/monstruo los olores intrínsecos a ella te sumieran en una suerte de realidad paralela, en una realidad que ya no es la de uno, que ya no es la realidad que uno trae, por ejemplo, de Europa. La realidad habitual propia, la monótona, es como si se dejara en el aeropuerto Benito Juarez y no se recuperara hasta la vuelta. Abandonas tu realidad autóctona en el “locker room” y la retomas a tu salida.
Entrar en la Ciudad de México es penetrar en una realidad o “pararealidad”; no puedes sustraerte a ella, forma parte del paquete. Sólo existe una salvedad: que uno venga a hacer turismo puro, digamos que por unos días o semanas. Entonces, siendo así, es posible que esa “pararealidad” no te absorba, es posible que no te tenga en cuenta y que te deje en paz. Como intuye que a lo sumo te vas a meter en un hotel del Paseo de la Reforma y que como mucho visitarás tres o cuatro museos pues, simplemente, te ignora. Sólo de esta manera se puede uno salvar de los olores y de las visiones que confunden: yendo de transeunte muerto, o de turista, que es lo mismo.
Todo esto evidentemente no es cierto; es sólo una mera suposición. Quizá sea que todavía tengo algún rastro de algún olor cabrón metido en el cuerpo y siga desvariando; es posible... Y eso que ahora estoy escribiendo esta crónica a miles de kilómetros de distancia y, en teoría, no debiera sentirme demasiado afectado.
Decía que la Ciudad de México es una sucesión de olores y visiones producidas, pero también es una sucesión de sensaciones. Es un proceso de olor, visión y sensación..
Y es que la Ciudad de México huele a tortilla, a maiz, a asfalto, a centros comerciales, a estaciones de metro surrealistas, a gente igualmente surrealista, a taxis legales y a taxis piratas, a Avenida Insurgentes, a establecimientos Sanborns, a barrio de Coyoacán, a restaurantes de treinta pesos la comida corrida y a restaurantes caros, a lluvia que purifica las calles, a gargantas dañadas por el “smog”, a niñas indígenas que venden “clorets” en el metro Coyoacán, a pavimentos absurdos, a corazones a ciento veinte pulsaciones, a misterio, a indefensión, a hombres perdidos, a hombres con sensación de perdidos, a miradas ansiosas, a mujeres de pelo azabache, a amores ficticios, a citas frustradas (por el tráfico), a decepciones, a sorpresas, a microbuses (por llamarlos microbuses), a caminatas que no terminan nunca, a ejecutivos falsos y a falsos ejecutivos, a “lisensiados”, a falsas prisas y a falsos compromisos, a juntas (que todo el mundo tiene una “junta a la que acudir”), a World Trade Center, a amistades con dinero, a favores personales que nunca se cumplen, a robos, a secuestros, a “mataviejitas y a mochaorejas”, a tomaduras de pelo, a inseguridad, a sexo, a homosexualidad creciente, a salidas del “closet” (olé los mexicanos machos), a cerveza Bohemia y a negra Modelo, a gringos insulsos, a coches abandonados, a guardaespaldas/guaruras, a ajustes de cuentas, a VIPS, a migrañas, a subdesarrollo, a clase alta, a inexistente clase media, a pobreza, a patriotismo, a orgullo, a música, a himno nacional, a amistad, a paz (cuando la encuentras), a chiles, a soledad, a peligro y a muerte...

La Ciudad de México es una confusión letárgica, es una llanura de taxis verdes que se alternan con taxis blancos con franja naranja, con taxis “de sitio” y con taxis furtivos. Los taxis en México son el paradigma del desorden ciudadano...
La gente en la Ciudad de México camina rápido y en desorden, los coches también caminan en ese desorden. Los semáforos parecen inexistentes, los pasos de cebra son inexistentes. La Ciudad de México es como un caballo de Troya metido en una falsa realidad que todo lo absorbe y que todo lo fagocita. Esta “pararealidad” tiene el poder de hacer actuar a los ciudadanos en papeles surrealistas y diferentes; de otra forma no podría explicarse la cantidad de gente extraña que habita esa realidad “aparte”.
Un psicótico en la Ciudad de México puede ser alguien perfectamente cuerdo en otro lugar; por eso abundan los consultorios psicológicos en esta ciudad; por eso hay tantos psiquiatras...
La Ciudad de México a vista de pájaro...el “smog”, la contaminación creciente. Los cerros llenos de chabolas, de construcciones irregulares; la “Calcuta” de México sería toda esta periferia irregular...
Todo lo dicho conforma la crónica absurda de la ciudad. Pero hay que ser optimista, creativo y creador; hay que cambiar los puntos de vista. ¿Será posible? ...

Crónica iluminada de la Ciudad de México.
Barrio de Coyoacán, calle Venustiano Carranza; “El café del Gallo” ( como yo lo llamo). Tardes enteras bebiendo capuchinos servidos por Fabrizio “El Gallo”. Van llegando amigos: Manuel, huído prematuramente de Veracruz, me dice que ya no aguantaba ni el calor de allá ni el matrimonio, que lo mandó todo a la mierda y que regresa a la ciudad, al sur, a empezar todo de nuevo, sin tener nada. Las ingenuidades y la inexperiencia se pagan, amigo Manuel...También viene Pedro, de Cuajimalpa, pero que trabaja en Coyoacán. Llega cansado y sin un quinto, como de costumbre, creo que ya le debe al Gallo como tres mil pesos en cafés y tabaco...También llega Rosita, apresurada y algo gordita, que pretende novio pero que no lo encuentra nunca... También me veo yo, llegando al café, a eso de las seis, con mi mochila de siempre. Viene Alonso, fotógrafo, compañero y también paisano, español, como un servidor que esto escribe. Y se van uniendo los menos amigos, los no tan frecuentes, pero también aceptados en esta fauna humana del sur de la ciudad. Y cada día procuramos que sea lo mismo, que se repita el mismo escenario, porque de esta manera uno tiene la sensación de que se vive mejor...
Siempre que dejo la cafetería, a eso de las nueve, me cruzo con la niñita indígena que quiere venderme los “clorets”. Siempre me asalta a la entrada del metro. Y yo quisiera comprarle cada día, y quisiera regalarle amor y sonrisas, y hasta quisiera llevármela a mi casa para arrullarla y cuidarla y que nunca más tuviera que vender en el metro. Además, le compraría vestidos caros del Palacio de Hierro, la llevaría de la mano a recorrer la ciudad, le compraría churros en “El Dorado” e intentaría quitarle la incomprensión y el sufrimiento...

Quizás la pararealidad sofocante me haga desvariar y me haya inventado a la niña del metro, a los amigos de la cafetería y también las alegorías y descripciones de la ciudad...Quizás todo sea un ejercicio macabro alucinante, quizás no haya salido de Barcelona y esta minicrónica del Distrito Federal de México sea inventada, todo es posible... aunque yo prefiero pensar que todo ha sido realizado y experimentado; prefiero seguir creyendo que siempre me encontraré a la niña del metro (cual si fuera “llorona”) pidiéndome que le compre los dichosos chicles.
La Ciudad de México no son las calles llenas de coches, ni los cerros sin agua corriente, ni los VIPS, ni los supermercados, ni es la clase alta, ni las señoronas con camionetas último modelo que compran y mal estacionan en el Superama, ni los políticos elegantes y gordos de la cámara de diputados, ni los centros comerciales surrealistas de Reforma y de Polanco...La Ciudad de México son los amigos de Coyoacán y la niña que siempre me vende “clorets” ...sea realidad o ficción inventada.

lunes

EL ALIADO (o la triste realidad de ser "Brujo")





Y siento que "el aliado" todavía me espera, y tampoco estoy aún preparado...
Quizá "el aliado" se me haya presentado en forma de niña del metro que vende chicles y, claro, yo no supe "ver"...
Siempre andamos buscando los jodidos "puntos de referencia", para que le ubiquen a uno, pero hay que darse cuenta de que, llegado un momento, ya no existen...

"...pero no hay modo de volver a tu casa. Lo que dejaste allí, está perdido para siempre. Para entonces (si has sobrevivido al encuentro con "el aliado"), claro, serás brujo, pero eso no ayuda. En un momento así, lo importante para todos nosotros es el hecho de que todo cuanto amamos, odiamos o deseamos ha quedado atrás... Y el brujo inicia su camino a casa sabiendo que nunca llegará, sabiendo que ningún poder sobre la tierra, así sea su misma muerte, lo conducirá al sitio, las cosas, la gente que amaba..-
- Pero podré regresar, tomar el autobús o un avión, y recuperar  la gente y los espacios queridos... Sí, claro, todo seguirá en el mismo sitio, pero tú ya no serás el mismo; siempre parecerá que llegas y retomas lo antiguo, pero ya nunca llegarás...JAMÁS.

* cursiva. Notas tomadas de "Viaje a Ixtlan" (Castaneda)


domingo

Don Antelmo. Las señoronas ricas.



Don Antelmo era/es el vigilante del condominio donde yo vivía, en la avenida Pacífico, barrio de Coyoacán. Don Antelmo es de Villa de Juárez, municipio cercano a Poza Rica (así me lo contó él, en alguna ocasión que estábamos desayunando).
Hombre honesto, cumplidor, humilde por carácter y por necesidad, maltratado y abusado a menudo por aquel pobre reprimido que decían que era el administrador del edificio...
A Don Antelmo le regalé una vez una moneda de dos euros y una libra esterlina. Lo hice sin darle ninguna importancia, simplemente para que observara monedas de distintos países. Lejos de tomarlo como curiosidad, sé que le dió una importancia capital. Me dijeron que aquel "regalo" que yo le hice, se lo tomó como un verdadero honor; que guardaba las monedas en un lugar privilegiado de su casa -allá en su pueblo- y que las mostraba a todos los vecinos con orgullo.
Recuerdo que soliamos hablar a menudo de cosas de Barcelona -de donde yo provengo- y de México; las comparaciones con todo eran una constante.
Siempre me repetía que a cuantas horas estaba Barcelona de México y yo le decía siempre que a siete; pero para él, el sol y el horario eran el mismo...Don Antelmo creía que, a pesar de la diferencia horaria, "la hora" era la misma en todos los lugares. Se podría decir que Don Antelmo era un creyente de la tierra plana...

La sociedad es absurda e injusta, ya que saca a gente humilde de sus lugares de origen y los traslada por cojones a malvivir en la ciudad, donde se sienten absolutamente enajedados y fuera de lugar, y la mayoría de las veces son víctimas y blancos de abusos de los capitalinos angustiados y llenos de traumas, que proyectan toda su represión contra personas humildes "que traen el disco duro limpio de origen"...
Un día Don Antelmo se sintió indispuesto. Le hice un chequeo completo y le apliqué Biomagnetismo Médico. No recuerdo cuantas veces me lo agradeció. Al día siguiente me vino a ver urgentemente y me dijo que "cuánto costaba la cura"...Casí no pude contener las lágrimas. Don Antelmo prácticamente no tenía ni para el billete de autobús a su pueblo y me preguntaba por el costo de la terapia...
También traté y revisé a muchas señoras bien de la ciudad. Recuerdo que algunas siempre encontraban pretextos para no pagarme: que la semana que viene te lo doy, que me olvidé el dinero, etc. Algunas ya no las volvía a ver y otras quisieron pagarme en especias. Y a la semana siguiente las veía en el Palacio de Hierro de Coyoacán, o metidas en alguna peluquería de lujo o contando historias banales y frívolas de sus próximos viajes a Europa.
Saludos Don Antelmo, que le vaya bien...Ah, y no vuelva a la ciudad; manténgase puro. Mucha suerte y gracias por las lecciones recibidas.

sábado

Barrio de Coyoacán.. Rocío Herrera..



...Regreso a Coyoacán, lugar escojido por los bohemios, por los hippies, por vagos de todo pelaje, por echadoras de cartas, por charlatanes, por vendedores de todo, por curanderos, por gringos que hablan español, por extranjeros, por desesperados, por "fresas" que aparentan ser y no saben ni que onda, por maridos escultores o pintores ociosos y ricos (que los mantienen sus mujeres), por Enrique Ugalde (hijo de la curandera Pachita), y por Rocío Herrera...
Rocío Herrera lee el Tarot (así, con mayúsculas) en la calle, en el empedrado frente a la iglesia; aunque casi debería decir que leía el Tarot, ya que me comentaron que a todos los vendedores y trabajadores de la calle los mandaron a otro lugar, que se ve que quieren "limpiar" Coyoacán de malhechores, trepas y vagos (pues lo primero que tendrían que hacer estos "cleaners"de corbata es limpiarse ellos mismos y dejar a la gente en paz. Empiecen por limpiar México desde las altas esferas del politiquerío corrupto y dejen a los demás tranquilos)
Rocío Herrera tiene la cara gatuna y la nariz pequeña y aristocrática. Sus rasgos faciales son suaves y equilibrados. Rocío se coloca siempre en el mismo sitio, extiende un paño azuloso, grueso, también pone algún velón encendido y se sienta a esperar clientes. Los fines de semana se guarece de las influencias densas de los turistas con una sombrilla y una cortina que cubren todo su espacio. Si quieres que te lea el Tarot debes entrar en su dominio y así te aislas del ruído pesado de la mayoría de sábados.
El año pasado recuerdo que ya no la ví sentada en su lugar, como siempre...Ya empezaban las obras en el centro de Coyoacán y aquello perdió todo su encanto. Las buenas vibraciones también se fueron, con la gente...
Coyoacán se quedó huérfano; Roció Herrera se fue. Y también el curandero Enrique Ugalde se marchó, y con él "el Hermanito Cuauhtémoc". Se fueron a curar a otra parte.
Cuando me reencuentre de nuevo con Coyoacán espero no sentirme extraterrestre ni lejano y ojalá vea de nuevo a Rocío, sentada en el empedrado de siempre.
Quizás ella y yo mismo ya seamos fantasmas adscritos al lugar, y entonces nos "veremos" ni que no queramos...Ya formamos parte integrante de la atmósfera y, quien pueda "ver" nos verá...

viernes

Mexico DF, "glamour diario"...



El  metro me deja en la estación Salto del Agua, Eje Central, calle Arcos de Belén. En esta confluencia de calles se respira el México rancio de a diario, los vendedores "de todo", los sex shops, el cine Teresa, el calor inhumano a eso de las doce del día.
También hay una iglesia en medio de todo este entramado; está ubicada como si un helicóptero la hubiese aterrizado, está como "caída del cielo"...(no recuerdo el nombre de la misma, no recuerdo a qué santo le hace honores)
Si uno sale de un sex shop cercano, o del cine Teresa, después de haber cometido algún pecado sexual imperdonable , pues es buena idea entrar en esa iglesia a curarse los pecados de la carne, la mayor parte de veces, de carne homosexual, de carne que sale del closet/armario.Vivan los mexicanos machos!!
Virgen redentora, cúidanos de todos los males, no permitas que caigamos en los pecados más bajos y míseros. Haznos hombres de bien (por lo menos, a los ojos de los demás..)
Así sea...

pd, a 2016, mayo. El Teresa ya no existe. En su lugar han puesto un inmundo centro de mercadeo y venta de telefonía móvil/celular. En fin, la depravación tecnológica más absoluta.





lunes

Y me llevaron ante la piedra...donde está el mensaje ETERNO.





Así reza la leyenda: "Y se congregaron todos los HERMANOS MAYORES. Allí bendicieron y alabaron a los hermanos voluntariamente desterrados y caídos...Allí mismo los ungieron y les prometieron gloria eterna. La retribución está cerca, no cejen..Han servido con voluntad, con afán, con riesgo de sus propias vidas, con AMOR...Han muerto varias veces, incontables...Ahora les toca verse curados y colmados de todos los bienes eternos...Ya les queda poco, hermanos, ya casi todo está listo para el GRAN VIAJE DE REGRESO...
Así sea.

domingo

Mexico Viejo...








Y vuelvo a México, al Distrito Federal...y regreso, y regreso, y regreso...
Viaje eterno. Viaje de contrastes, para re-encontrarme con mi esencia, con mi personal "anulador de miedos". Y "cojo" el metro, que me lleva al centro histórico/histérico.
Y paseo y me re-encuentro con mí mismo, y con los demás, y reconozco las mismas caras, toda la gente me es familiar, me es extrañamente cercana, hasta con la que no me gusta; hasta la que me desestabiliza me es cercana...raro sentimiento.
Y me hago nuevamente amigo de los ruídos, de los olores nunca olvidados, del calor, del sol y de la contaminación.

El México Viejo me proporciona un sedante contra la desigualdad social, contra el racismo provinciano y cabrón del México pudiente que queda al poniente y al sur...Y me hago parte integrante del paisaje, y hasta tomo fotos con riesgo de que me partan la cara...fotos furtivas hechas -disimuladamente- con el móvil/celular.
Pero carezco de miedo..."Y es que a tí te ven como caballo, por eso no te hacen nada y hasta te ven como uno de ellos" (eso me dijo la "perdida" Rocío Herrera, en Coyoacán, una vez que le comenté mis andanzas por "el territorio comanche" de La Lagunilla, Merced y Pino Suárez)

sábado

El Guardían de la calle de Francisco Sosa...



Tenía pendiente hablar sobre tí, por tantas veces que te he recorrido y que me has permitido poner mis botas sobre tus férreas raíces salientes...Hasta alguna vez te he tocado -que no abrazado- tímidamente, más por no alterar a ningún viandante que me hubiera tomado por loco, que intimidado por tu fuerza y energía absoluta y gobernante.
Tú sabes del permiso que me diste la ultima vez que te visité, y en verdad espero que te haya servido de ayuda, castigado como estás, ante tanto cablerío eléctrico circundante, aunque estoy casi seguro de que no te hacía falta ninguna ayuda, ya que tu poder transciende y transmuta cualquier perturbación "civilizada"...
Espero que sigas bien, que no te ensucien demasiado los inconscientes y que las lluvias frecuentes te alivien y te alivianen -que viene a ser lo mismo-...
Te mando un abrazo en la distancia y seguro que nos vemos pronto...

viernes

Los muertos vivos...


Y se vieron a los muertos vivos, paseantes mutados, gente adormecida por el efecto maléfico de la vida narcotizante y absurda. Se les vió por Coyoacán y por el centro histérico/histórico, por Santo Domingo, en un mediodía de calor punzante y sol aguijoneador...
El episodio de esta transformación maléfica me lo contó la siempre olvidada Roció Herrera, tarotista coyoacanense huída del lugar por culpa de los ortodoxos bienvistos, los que no toleran la creatividad callejera pero encubren con su hipocresía que se siga vendiendo y promocionando "mierda legal".
Me dijo Rocío que aquella mañana apareció un coche publicitario de una bebida isotónica muy "torera". Se bajaron tres jovencitas pechugonas y en menos de medio minuto se formó una cola de gente: niños, jubilados, incluso dos policías...Se repartió el producto gratuitamente y, aquella gente, sin mediar palabra, empezó a ingerirlo cual si fueran robots o autómatas sin criterio.
El resultado fue la inmediata transfiguración arriba expuesta. El efecto es devastador. La involución que se sufre es física y psíquica...
Unos meses después, alguien bien informado en estos "asuntos" me dijo que fue una prueba piloto; otra de tantas que se han hecho en la Ciudad de México. Y me vienen a la memoria muchas cosas: las propagandas absurdas, las campañas "sanitarias" igualmente absurdas pero chantajeantes, vacunaciones gratis a la salida del metro insurgentes, que uno no sabe ni tampoco pregunta qué cojones le van a inyectar...quizá sólo sea suero, o agua, ojalá...Y también me pregunto por qué estás vacunaciones gratuitas no las hacen en Polanco, en la puerta del centro Antara, por ejemplo, o en el macro centro comercial de Reforma...No, en el metro, claro, donde los humildes no preguntan ni cuestionan, por supuesto.
Es necesario tomar consciencia, así "les" haremos frente...
  



jueves

Brenda (o lo que quedó de ella...)

Realmente,el título hubiera debido decir: Brenda (o lo que quedó de mi...)
Un par de zapatos rojos (que no de cristal, cual si fuera cenicienta) y un triste control de tv...Imagen cruda, solitaria y ausente, testigos últimos de la batalla librada.
Un motel del sur del DF fue el escenario de una lección apabullante de sexo.
- ¿Cómo que sólo trajiste un condón? Tú tienes aguante para más rounds...
- No pensé que se pudiera romper, lo siento. Me confié.
Sexo sin reparos, sin manías, sin respeto (o con todo el respeto del mundo), propiciada fiereza suelta...Sexo liberado y liberador, sin prejuicios, sexo sin edad. 
A la salida, comimos a eso de las cinco de la tarde. Tomamos café en un Oxxo de Insurgentes. Te dejé en un taxi, te ibas para el Eje Central a tus clases de Derecho (me lo creí y sigo creyéndomelo).
Te llamé varias veces hasta que una voz masculina me contestó; obviamente colgué. Luego siguió el frustrante mensaje de línea suspendida...
Fue una lección intensa pero breve; extremadamente breve, diría...Pero quizá en eso consistía el mensaje. Lo tomo como tal.
Yo seguiré yendo a Plaza Universidad, quizás algún día coincidamos y mi mirada vuelva a quedar fijada en tus piernas.
Hasta siempre y gracias.
pd: preservo tus apellidos, aunque no sé ya si fueron reales o fingidos para la ocasión...






miércoles

Ciudad anónima, metro anónimo...


...Y el metro siempre omnipresente; siempre el metro como referente del anonimato salvaje y sufrido.
El metro diario en una vida diaria de una ciudad monstruosamente diaria.
Calor, agobio (aunque menos, en la linia 3), indigenismo variopinto -esencia de México-, mezcla de pieles, de pelajes, mezcla de obreros y niñas igualmente obreras que sueñan ya con sus "quince años" también obreros, ay!!... Niñas que se cubren el sexo con un sempiterno y estúpido celular (a la mierda los celulares, coño!). Niñas con pantalones baratos comprados en el centro, niñas con faz regia maya, o zapoteca...

Y, a todo esto, el atrevido bribón que esto escribe y que tomó las fotos con otro insigne celular, y que alguna vez le van a partir la cara, y con razón, porque pienso seguir plasmando la monotonía/belleza de lo cotidiano en esta "metrociudad" que me acoge siempre bien y sin sufrir ningún percance...
Sarabá...

lunes

A Luis Vadillo De la Selva...


Tenía pendiente desde el año pasado escribir algo de Luis...No sé. Luis se fue, creo recordar, en octubre del 2010. Digo que se fue, pero mejor decir que lo sacaron a golpes de la vida. No resistió seguir; dijo basta y me voy...
Luis de la Selva fue persona anónima, de estos anonimatos que duelen en el alma. Caminante trágico (caminante forzoso en el nombradísimo y queridísimo Distrito Federal), hombre culto, pintor, muralista, restaurador y bohemio profundo. Luis era un creativo, de una creatividad castrada por los avatares familiares, las incomprensiones, las hipocresías y la fiereza de esta sociedad nuestra que sólo ve a los potentados, a los que tienen dinero y a los que le parece que, llegado el día, siempre pueden ofrecerle algo a cambio...Qué mierda de sociedad!
Luis vivía en el Club de Periodistas de la Ciudad de México hasta que decidieron echarle a la calle, que aquello no era asilo para nadie y menos para los que no tenían "nada" que ofrecer...
Yo mismo visité el lugar porque una buena amiga me dijo que en el comedor del personal guardaban un mural pintado por él. De ese lugar, nada destacable: oscuro, anticuado, lóbrego, decimonónico, pseudoclasista, pasado de moda y retrógrado. Lo único luminoso del edificio era el mural...Me dijeron que estaban por repintarlo, es decir, borrarlo; no me extrañaría nada. Lo novedoso y creativo molesta a los rancios de espíritu; así ha sido siempre. Pues jódanse ustedes, señores del Club, porque el mural está ya inmortalizado en este modesto blog y, aunque nadie lo lea, yo me quedo muy a gusto porque uno, evidentemente, escribe para sí mismo.
En fin, que no tengo el cuerpo para decir nada más. Podría hablar de muchas anécdotas de Luis, casi todas ellas contadas por mi amiga M.V. Quiero pensar que Luis está bien, que está descansado y aligerado de su sufrimiento perpetuo, y que incluso está abordando algún taxi   -que no va a pagar- en alguna avenida celestial con Pita Amor http://www.youtube.com/watch?v=bUuWsEwevAc&feature=related
Hasta luego Luis.



viernes

Sexo visual (ay!)



Sexo visual, alimentador de mentes... Maniquíes generosos y turgentes en el centro. Habría que averiguar si, a las doce de la noche, cobraran vida!!

miércoles

El "Abrepuertas" del Café La Blanca...




No sé quien es. Ignoro su nombre. Es posible que me atreva a preguntárselo la próxima vez que visite este lugar. Y también le pediré disculpas por haberle hecho fotos furtivas -a lo cobarde-, sin pedirle permiso.

He observado que, cuando acumula unas cuantas monedas que le dan los clientes del café, las cuenta "amorosamente" en sus manos y entra a tomarse un refresco. Siempre tiene cara de felicidad. Sonríe cuando abre la puerta y le dan, y sonríe de igual manera cuando no le dan...Me parece todo un contraste con la presurosidad y la impersonalidad de los estresados viandantes que caminan por la calle 5 de Mayo. -"Este hombre, en su simplicidad, parece feliz"...me lo he dicho muchas veces cuando estaba sentado, comiendo en alguna de las mesitas (mesitas enanas, chiquitas, como para liliputienses) que dan a la calle.
No sé; no le conozco, pero seguro que me faltaría muy poquito para haberle conocido si me hubiera quitado de encima el estúpido sentido del "que dirán", o la absurda soberbia de extranjero que a veces me domina (sólo a ratos, menos mal...)


                                                                                 

La Esfinge en el semáforo...


Recuerdo que no podía dejar de observarla. También me costó mucho tomarle una foto "furtiva" (y van...) Hubiera querido preguntarle muchas cosas; invitarla a un café y saber de su vida. Me cautivó y paralizó su semblante: sus ojos, su nariz, su boca; unas orejas que intuía élficas, queriendo asomarse entre su cabello descuidado...no sé.  Su figura me transmitió respeto profundo, ternura y curiosidad de eterno callejero, que eso soy, probablemente...
Los dos cruzamos al unísono el nada seguro tramo de Eje Central para llegar a la calle Tacuba, no recuerdo ahora si con el permiso del silbato absurdo, ruidoso y surrealista del  gordo policía que nos abría paso. Luego la perdí de vista entre el gentío, o bien se esfumó, ya que dejé de observarla unos segundos y ya no la recuperé. Pienso que quizá fue una alucinación, una imagen perteneciente a otro plano de realidad, que logré captar con no sé qué intención...

Soledad redentora...


También hubiera podido titular esta entrada como:  "Soledad con mano".
Momentos redentores necesarios para equilibrar la mente y el cuerpo... 











¿dónde está wally?...


sin más comentario...

Meretrices de Pino Suárez...



Muchachas forzadas por su destino programado. Alguna, ya no tan muchacha, el tiempo la ha ayudado a disimular su pena (el tiempo, que lleva de la mano a la edad...)
Si caminan por estos rumbos, fíjense en las miradas de ellas y, por favor, no saquen ninguna cámara; las razones, moral aparte, son obvias.
En lo personal, me gustaría que el puterío callejero (dicho con todo respeto), dejara de serlo y se quedara sólo en lugares "ad hoc".  Y que las putas no sean menores de edad, y que ojalá pudieran elegir su oficio, sea full time o a media jornada, y me gustaría que no fueran obligadas a  mostrarse como ganado o como mercancía en las cercanías del metro Pino Suárez.
¡Viva la función social de la prostitución bien entendida!  Y a la cárcel los chulos y los padrotes callejeros.







A vueltas con el Metro...Miscelánea.



 Sensaciones captadas en el metro, furtivas, como siempre...La ciudad cotidiana, sin trampas, sin glamour.
Lo cotidiano que se mezcla con lo surrealista y con lo absurdo, con lo imposible, con el trámite necesario de los carteles de desaparecidos, con los ciegos y su karaoke a cuestas; que luego veo, por casualidad, una reunión improvisada, donde una persona les da instrucciones sobre cómo vender los discos en los vagones...O sea, que los ciegos también tienen cabecillas o gerifaltes que les organizan el trabajo.  Me gustaría saber qué porcentaje de las ventas se llevan estas personas per cápita...Nada es libre, nada es improvisado; también los ciegos tienen jefes...





Secuencias de una redada frustrada...





Intento frustrado de confiscación de mercancía en la calle de Cuba, justo delante del cine Río (por llamarle cine...)
Una camioneta blanca (se alcanza ver el morro) da un golpe a los policías y todo se va al carajo... todas las bandejas/charolas a tomar por saco...
En el pecado está la penitencia...

Plumas...










Buenavista y Puente de Alvarado...


Atardeceres revueltos de enero, por el Metro Revolución...


El Café Rex...


En la calle Cinco de Febrero con Mesones, centro DF, ya no está el Café Rex. Preguntando al librero de la calle de Mesones, Costa-Amic editores, me dijo que "ya tronó"; lo cerraron para venderlo a otra plaza comercial. Mis lugares "de culto" del Centro van desapareciendo: primero fue el cine Teresa, reconvertido en inmunda y degenerada plaza comercial dedicada a los celulares (y me pregunto que es lo más desaconsejado, si ver una película porno en el antiguo Teresa o comprar una mierda de smartphone que, poco a poco, te anula la consciencia y te convierte en zombie; bueno, en "smombie", para ser exactos (nombre que asimila smart y zombie). En fin, que Don Nicolás, el dueño del Café quizá convino a la venta de su negocio. Don Nicolás rondaba ya los 80, -quizás- cuando le conocí. Persona campechana, asturiano, siempre me decía que México era un lugar abierto para trabajar y que el PRI "abría puertas"; y yo sonreía y me lo creía... En el Café Rex se comía por 25 pesos el plato de la foto; luego subió el menú a 30. ¿Dónde comer correctamente por ese precio??? Todo lo bueno se acaba. Cuando regrese, peinaré la zona, por si encuentro algo "estimable".

martes

Biblioteca Vasconcelos...


Retomo este blog, en este 2016 (que también será rápido y efímero). La Biblioteca Vasconcelos, en el DF, en la colonia Guerrero/Buenavista. Su estructura exterior, a modo de pirámide sin cúspide, me llamó la atención. Adentro, creo que se puede hacer de todo y lo secundario es leer. El enorme espacio interior, su frialdad y ausencia de elementos que coarten el mismo, le inducen a uno a la relajación extrema; incluso diría que hasta a la meditación. Uno, que es eterno curioso, se fija en todo: en la gente que deambula, en los que duermen en los sofás y en los jubilados que leen los periódicos. También en el director de este centro, un señor de apellido judío(creo) y porte desgarbado y ausente. Un individuo curioso, sin más. Muchas veces me he topado con la señorita de los espacios donde guardan las mochilas. Me sorprendía su imagen tranquila, amable y risueña: tomaba la mochila de cualquier persona para guardarla en ese espacio y entregarle la ficha de reclamo. Esta tarea mecánica y sin importancia, la realizaba, en mi percepción, con una delicadeza y concentración absolutas; como si ese acto fuera trascendental y de suma importancia. Realmente era un "acto Zen": - Aquí estoy, ahora, en este instante, "haciendo esto"; no existe nada más. Probablemente era una maestra camuflada de trabajadora...Gassho!